sábado, 9 de mayo de 2020

Desde mi ventana

La última vez que escribí mi mundo estaba revuelto por las manifestaciones sociales que comenzaron en Chile el 18 de octubre. De hecho ya han pasado casi siete meses y en Chile la crisis continúa, agudizándose aún más con la crisis sanitaria que nos avecina. Sí, hablo del Corona Virus y de los estragos que ya comienza a producir en el sistema de salud chileno.  Una actualización: la Carmela continúa en Francia, en este pueblo que se llama Denain y debido al contexto pandémico que afecta a todo el mundo, tanto a nivel sanitario como económico, hoy luego de más de cincuenta días de encierro me atrevo a escribir para compartir un poco "como vivo la crisis" (mentira, no les contaré esos detalles solo un hecho puntual con la lluvia). En realidad, más que los ires y devenires y la gran incertidumbre que nos circunda a muchos por estos días, por segunda vez en mi vida estoy experimentando un verano en el viejo continente (aunque técnicamente aún estamos en primavera). Y hoy una tarde de encierro de día sábado (normalmente no uso mi notebook los fines de semana, pero ¡qué va, tengo ganas de escribir!) me encuentro nuevamente con esta particularidad de experimentar un sol exquisito seguido de una grata lluvia. Pensé en Rumania cuando el cielo del norte de Francia comenzaba de a poquito a nublarse, de a poquito comencé  sentir que la humedad aumentaba y mientras intentaba continuar leyendo el Segundo Sexo (es un libro que leo por partes, porque hay mucha información importante que procesar), comienzo a sentir las gotas caer... Ha sido una lluvia ligera, que desde el encierro del confinamiento y la seguridad de mi ventana me ha regalado un recuerdo bonito de las muchas tormentas que me permitían huir de los tiempos de crisis de aquél entonces, en aquella Cluj de hace cuatro años. 

Hoy la lluvia me transporta a esa ciudad y también me conecta con mis tierras, tan lejanas hoy. ¿Les pasa que el olor a tierra mojada les trae recuerdos de infancia? A mi sí. Me trae recuerdos de Teno, de El Guanaco y el grito de mi mamá "La rooooopa, ayúdenme a recoger la ropa", recuerdos de Concepción  y las veces en que una nube juguetona me empapó  mientras deambulaba por el campus y que luego burlona seguía su ritmo mientras el sol volvía a alumbrar. Claramente una burla para los muchos estudiantes que mojados, buscábamos el radiador más cercano y dentro de lo posible libre, para secar nuestras ropas. También recuerdo mucho a Temuco, ¡tanto que me gusta esa ciudad! Muchas veces salí a caminar bajo la lluvia, hacía el recorrido desde la oficina hasta mi casa bajo el agua, a veces bajo un paraguas gigante que me permitía mantener esa distancia social que entonces era voluntaria y que hoy es la impuesta manera de relacionarnos. Hace unos días atrás viví el mismo fenómeno de día soleado, pero esa vez acompañado de una tormenta eléctrica que explotó y me hizo conectar quizás con ese rincón salvaje que llevo dentro. Surgió esa sensación de querer salir al patio del edificio, que por lo demás tiene un par de árboles hermosos y un poco de pasto, para correr a pies descalzos... No sé si tienen el mismo imaginario de la mujer con vestido tipo solera, liviano, que se mueve al viento con facilidad, la típica imagen de película gringa o de teleserie mexicana (no sé porqué me vino a la cabeza la imagen de Thalía en esas pintas pero llorando por algún drama con el típico macho (fernando Colunga), la relación romántica malograda en la que los enamorados sufren hasta que logran estar juntos en un seudo "felices por siempre" dentro del mundo patriarcal) en la que se erotiza a la mujer bajo la lluvia. Sin embargo, yo conecté a través de esa imagen con la naturaleza. Digo que me conecté, pues, en esa conjugación de lluvia-tierra-pies descalzos, siento que la mezcla de aromas que emergen de la combinación humedad-tierra- pavimento podrían tener alguna relación con nuestro lado más primitivo.

Cuando digo "nuestro" claramente me refiero a esa conexión con lo femenino: mujer-tierra. La verdad, últimamente me siento muy conectada con eso, quizás el encierro de tanto días hace que inconscientemente me sienta más atraída de lo normal por la naturaleza, puede que sean los tantos meses lejos de Chile, de mi gente que hace que en los olores de "campo" los extrañe y los sienta más cerca que nunca. Puede ser que simplemente el encierro ya tiene sus efectos y el aire libre, fresco, una caminata por aquí por allá se estén haciendo más necesarias que nunca. Retomando esta idea de la mujer en vestido de verano con pies descalzos al aire libre y disfrutando de la lluvia, les cuento que seguirá ahí en el imaginario de la lista de "pendientes" porque claramente no fui a apoderarme de esas ganas de conectarme con la tierra. Es segunda vez que me pasa que tengo quiero salir corriendo a recibir el agua. Tal vez como diría por ahí una buena amiga: "Vale tienes que escuchar al cuerpo y salir a mojarte a pata pela'!". Veamos si me atrevo a salir a disfrutar cuando me encuentre con la tercera lluvia o tormenta de verano en estos tiempos de cuarentena. 

domingo, 10 de noviembre de 2019

La revolución de Chile mientras ando "Carmeleando"

Hace 23 días que comenzó la revolución en Chile, sí. Diré por primera vez "REVOLUCIÓN" fuerte y claro. Y me pilló en Denain, una de las comunas más pobres de Francia, donde actualmente me encuentro trabajando en una escuela "básica" y un "Liceo" apoyando a los profesores de español. ¿Cómo llegué a eso? la verdad es que es historia para otra ocasión. Simplemente diré: estoy cumpliendo un sueño, de esos que tantas veces esculpimos con las palabras pero que en muchas ocasiones son casi imposibles de realizar... 

Y aquí viene la historia del origen de la Carmela, a quien siempre saco al baile, pues bien, Carmela hace referencia a una mujer de campo, San Rosendo, que se fue a vivir a la ciudad. Es uno de los personajes principales de la gran obra de teatro "La pérgola de las flores" escrita por Isidora Aguirre. Entonces, ¿qué relación tiene la Carmela conmigo? Es muy simple: yo también soy una mujer que creció en el campo y luego en un pueblo pequeño llamado Teno y desde ahí migré, a mis 18 años, a la ciudad de Concepción. Hasta ahí la referencia de la Carmela tiene lógica, pero durante estos días de protesta masiva, de violencia, de impotencia y rabia... Me pregunté, ¿por qué me siento tan identificada con ella?... Y creo que la figura de la Carmela tiene un sentido mucho más profundo... 

La verdad mi relación con la Carmela, surge de la identificación con una mujer de pueblo, entiéndase por pueblo como al grupo mayoritario de personas que no pertenecemos a la oligarquía, nace de mi necesidad personal de mantenerme anclada a mis raíces, sin importar donde me encuentre. A mis 30 años es bastante difícil lidiar con todo lo que he vivido a lo largo de esta vida, pues, como pueden darse cuenta al hacer los cálculos, nací cuando la dictadura terminó. Soy hija de la "democracia", del desarrollo y acentuación del modelo económico que si bien en los años 90 no me permitía ver con claridad sus beneficios, estos fueron haciéndose más evidentes en los 2000 y para qué decir cómo ha impactado en mi vida en los últimos 10 años, generándome un sinfín de contradicciones. Sin embargo, siempre tuve y he tenido esa sensación de "pobreza". Provengo de una familia numerosa, de padres que crecieron en dictadura, obedeciendo a la institucionalidad, de familia conservadora en lo político y lo moral (aunque dependiendo desde dónde se ejercía dicha moralidad) también muy machista (machismo proveniente tanto de los hombres como de las mujeres). Crecí en el campo, sometida a las reglas de mi padre, sometida también a las reglas y el gran sentimiento de culpa que inculca el catolicismo (mi madre me llevó a la iglesia y me quedé en ella a rezar por toda mi adolescencia.... y parte de mi vida universitaria (pero esa es una historia re linda de vida comunitaria, la de la U). La verdad es que no sé si ir tanto a los detalles o centrarme en lo que sucede hoy. La cosa es que luego de mucho planificar mi vida, como toda virgo empedernida, cada vez que me propongo una meta, esta se cumple y eso me ha llevado a encontrarme, precisamente en Francia, disfrutando de los beneficios de vivir en el "primer mundo".

Para retomar el hilo del párrafo anterior, agregaré que nací el 11 de septiembre (del 1989), cuando la fecha aún era feriado (maldita conmemoración al Golpe) y eso ha significado en mí una conexión muy profunda con el mundo político, desde muy temprana edad. Por ejemplo, mi padre toda la vida compartió su gusto por la historia conmigo y me acompañó en el descubrir de nuestra propia historia, la de Chile... la que se construyó gracias a los hermanos Carrera, la nación de O'Higgins y de tantos otros, como mi favorito el Guerrillero, Manuel Rodríguez... y qué casualidad que justamente él resultara entre mis favoritos, ya que por cierto, conocí el lado escrito por autores conservadores y de la historia de "derecha" bueno... entre historia y el colegio... Llegó la Revolución Pingüina el 2006, de la que participamos en nuestro pueblo, entre muchas cosas, bajo una situación confusa... entre que nos movilizamos en el colegio en donde estudiábamos o pseudo fuimos guardianes de él  ( a pedido de los directivos) por miedo a que fuera tomado por otros estudiantes. Fue muy extraña esa movilización, pero al menos entendí de qué se trataba y se me develó otra parte de la historia, la de los trabajadores, de los oprimidos, la de los huachos... Varios años después, el 2011, la movilización que duró (para los que estuvimos en Conce) siete meses, fue una hermosa escuela de formación política. Aunque todos sabemos que muchos estudiantes toman las movilizaciones, al menos en ese entonces, como mini vacaciones (que no tuvieron nada de mini esa vez). Sin embargo, con mis amigas y amigos cercanos participamos y nos movilizamos reclamando nuestro derecho a la educación pública, de calidad y gratuita... Y bueno como ya saben, nos engañaron otra vez y crearon la nueva beca que se llama gratuidad y que incluso beneficia a las universidades privadas. Como ven siempre la letra chica, siempre la pata encima por parte del gobierno de turno a los activistas sociales... Es su costumbre, incluso forma parte de nuestra cotidianidad preguntar por la "letra chica" cada vez que surge una nueva ley, sea en "beneficio" social o no.

Pero lo que sucede hace más de tres semanas en Chile es una historia nueva. Si bien comenzó por el alza  del pasaje del Metro de Santiago en $30 pesos, la respuesta represora del gobierno de Sebastián Piñera, fue la gota que derramó el vaso y generó esta revolución social (que sí tiene precedentes) pero que no se vivía en nuestro país desde el Plebiscito del 88. Hoy desde Francia observo a Chile con orgullo, impotencia y rabia. Orgullo porque la gente está tomándose nuevamente los espacios públicos, están ocupándolos y hablando de política, es hermoso ver que todo lo que experimenté el 2011, participando en el movimiento estudiantil, hoy se replica con creces y se grita más fuerte que nunca que estamos cansados de las injusticias sociales. Este estallido social nos pertenece solo a nosotros a la gente que mueve Chile día a día, a sus trabajadores, que hemos sido ninguneados y mirados en menos, pero que con nuestro trabajo hemos enriquecido al país, que mal distribuye dicha riqueza (¿les suena la AFP?). Me incluyo, porque estar en Francia es netamente circunstancial... Mi corazón está junto a mi familia, mis amigos, mis compañeros del magister... excolegas... Siento orgullo de que nuestra gente se haya atrevido a reclamar lo que nos pertenece por derecho luego de 30 años de silencio... Me siento orgullosa de esas generaciones que no tienen el miedo que hoy sienten nuestros padres, miedo que revive a partir de los traumas de la dictadura. Y quisiera compartir que escribo porque mis pensamientos me vuelven loca... Me está afectando de manera enfermiza no poder echar afuera lo que siento. Llamo a mis amigos, familiares e incluso converso con mis colegas sobre lo que pasa... Pero no es suficiente, ver con impotencia y rabia la sordera del gobierno y entender ademas, que en realidad no es sordera sino más bien, una estrategia para apelar al agotamiento. Simplemente porque su ceguera no les permite ver que ya no nos callaremos más. Y esta sensación que describo, es compartida con los muchos otros inmigrantes chilenos que he conocido en esta aventura de casi dos meses.

Me conecto con la Carmela, mi alter ego de origen, para que no se me olvide que crecí sin privilegios, que hoy pseudo tengo gracias a mis estudios universitarios, y a esta figura de quasi funcionaria pública del Ministerio de Educación Nacional francés. Soy de la primera generación que llegó a la universidad y además con postgrado. Aún así, con lo fastuoso que puede resultar ser una persona "educada" en Chile, no tengo estabilidad laboral, cargo a cuestas créditos, a pesar de la Beca y veo con impotencia que tampoco puedo ayudar a mi familia, mi madre que gana el sueldo mínimo bruto, cero esperanza de adquirir una casa, porque siempre he boleteado... He tenido que aprender, junto a mis hermanos también universitarios (algunos de ellos) a discriminar cuáles son las prioridades mes a mes, porque no alcanza.... Tal como no les alcanzaba a mis padres mientras nos criaban, aún hoy hacen malabares.

Me conecto con la Carmela, porque hoy vivo en un país que siempre quise visitar en donde pago 13 euros mensuales (unos $10.500 aprox.) por usar de forma ilimitada el transporte público, contra los más de 30 mil que pagaba en Chile. En este país recibo apoyo económico porque mi salario es menor al mínimo (proporcional a las hrs de trabajo) y nadie cuestiona mi acceso a beneficios sociales por ser extranjera.  

Apelo a esa Carmela que llevo dentro, porque siento en mi experiencia de vida, el frío, el cansancio, carencias de lo básico... Porque viví los problemas psicológicos que afectan a nuestro país en todas las edades. Tenemos una salud mental y física deplorable y es el sistema que nos tiene enfermos. Apelo a esa Carmela, para enseñarle que está bien denunciar fuerte los atropellos a los DD.HH. que está bien reclamar por vivir una vida digna, apelo a mi Carmela doliente, para decirle que está bien luchar por  un país más justo. Y también apelo a esa Carmela, porque quiero cantar el "Baile de los que sobran" sin culpa, sin dolor por encontrarme gozando de los derechos básicos que otro país me proporciona. Finalmente, con mi espíritu Carmela, andamos descubriendo mejores formas de vida, estamos aprendiendo lo que podría servir para mejorar Chile y luego aportar en la construcción de ese país que soñamos los miles de chilenos movilizados.

¡Aguanten los que luchan!, sí también pienso en las alamedas que se abrieron y que hoy pertenecen a la gente, sería hermoso que Plaza Italia pase a ser la Plaza de la Dignidad.

#Justicia para Roberto
#ChileDespertó
#ChileViolatesHumanRights

¡Ojo, el gobierno está mutilando a los manifestantes!

Gracias por leer.

miércoles, 13 de julio de 2016

El primer "Cultural Shock": Bucarest-Cluj


Hace seis meses mi vida era completamente distinta. Figuraba en Temuco, terminando un año muy agotador pero lleno de alegrías, independiente de la pega, tenía una satisfacción personal porque estaba haciendo algo que quería, porque había encontrado mi nichito en la academia. En ese contexto, se abrió un concurso para hacer un semestre en Rumanía como estudiante Erasmus. Postulé, pasé por todo el proceso de selección y fui la escogida. Rumanía, Rumanía... ¿Dónde queda? (Ok, se que es Europa), conocidos me decían: Qué bacán podrás ir a visitar el castillo de Drácula, ten cuidado con los vampiros, ¿Cómo lo harás con el idioma? Chuta, tantas preguntas y yo sin responder a ninguna. Bueno, la ubicación era cosa de googlearla: Europa del Este (no es un dato menor, considerando que cuando pensaba en Europa siempre miré hacia Europa occidental: Francia, Bélgica, Alemania, Reino Unido, etc.). Respecto al castillo de Drácula, eh... Bueno aún no lo visito y en cuanto al idioma, siempre lo pensé como algo en lo que eventualmente necesitaré para comprar pan pero no en la U porque mis clases serían todas en inglés (acá los rumanos casi todos hablan inglés, con excepción de los adultos pasados los cuarenta años, ahí empieza a reducirse los angloparlantes). 

Así sin más tuve diciembre, enero y febrero, digamos, para preparar todo, se venía la burocracia chiquillos y vaya que hincha las pelotas el tema del papeleo: por ejemplo, que de una universidad decían una cosa, que de la otra decían otra. Que los pasajes, que los cursos para convalidar, que el pasaporte (sí, me compré el pasaporte con el nuevo valor, la mala cue... porque me costó casi noventa lucas y entre un pasaporte de 32 págs. y uno de 64 la diferencia eran miserables $300). Lo positivo de todo es que no era la única que viajaba, pues, tuve la suerte de viajar con una compañera de universidad. Fue la raja porque nos caímos bien de inmediato, aunque ella pensó que yo era una psicópata, pero eso es otro cuento jajaja.

Un punto que no es menor y que es necesario mencionar: mi experiencia como viajera en el extranjero se remite a una semana en Bariloche (típica gira de estudio) y una semana en Quito (encuentro de estudiantes católicos), por lo que en realidad nunca había estado fuera de nuestra hermosa y maravillosa América Latina (desde que estoy viviendo en Rumanía me he vuelto tan amante de Chile y de América Latina). Entonces, creo que ahora ya he aclarado cosas más o menos generales para contarles el primer choque cultural que experimenté en este hermoso país.

Primero, es necesario señalar que estudiaría en Cluj-Napoca, Transilvania y no en Bucarest (capital). Segundo, el viaje. Fueron dos días completitos, de solo pensarlo me dan ganas de ir a tomar una ducha... Santiago-Buenos Aires, Buenos Aires-Frankfurt, Frankfurt-Bucarest ese fue el viaje en avión y desde Bucarest a Cluj, viaje en bus. Cuando vi el itinerario, pensé "Ok. no es tanto, no creo que sean más de cuatro horas de viaje en bus, pero solo Dios y los rumanos sabían cuán equivocadas estábamos con mi compañera (o colega, como dicen acá).

Empezamos el viaje un día viernes al medio día. Llegamos el sábado a las 1 am (o sea domingo) a Bucarest y teníamos que tomar el bus, que supuestamente lo tomaríamos en el mismo aeropuerto, a las 2:30 am. Cansadas, agotadas, hediondas y con sueño, con mi colega recogimos nuestro equipaje y emprendimos la búsqueda de la famosa estación de buses "dentro del aeropuerto". Preguntamos a los guardias (no hablaban inglés), a la vendedora de pasajes de tren y nadie sabía de ninguna estación de buses "FANY" con buses cuyo destino indicara Cluj-Napoca. Teníamos una referencia, la bendita "Casa Romaneasca" (con alfabeto y acentuación rumana, por supuesto) y claro, efectivamente la casa  existía, fuera del aeropuerto. Fuimos caminando (hacía frío, finales de invierno) y estaba al frente así que con mi compañera nos miramos y dijimos: chucha, hay que hacerlo no más: subir un paso peatonal con maletas para cruzar la carretera. Llegamos y el lugar decía Motel y había gente carreteando. Con luces medias flúor de color rojo que nos dejó la impresión de ser un lugar más para la entretención nocturna masculina que un lugar donde supuestamente debería estar la estación de buses que nos imaginamos con mi colega.  Cuento corto, no existía ninguna estación, nadie hablaba en inglés a esa hora de la noche y nosotras no teníamos ningún contacto con la empresa de buses, solo sabíamos que teníamos una reserva a nuestro nombre, que nos pasarían a buscar a las 2:30 y que no existía la estación, entonces, ¡¿Dónde mierda nos iban a recoger a las 2:30 AM?! Que no cunda el pánico, que regrese la calma, pero entre el frío, el sueño, el hambre y toda la incomodidad de dos días viajando, la calma estaba demasiado lejos como para volver. 

Con mi colega volvimos al aeropuerto, me saltaré la parte del taxi, la parte del caballero que nos ayudó y que sabía francés aparte de rumano, así que hice uso de mi francés con un señor que se notaba tenía un gran corazón. La única solución era contactar a alguien de Cluj para ver qué onda, en nuestros corazones sabíamos que ir a Bucarest, al centro de la ciudad, no era opción. Así que le pedimos el celular al taxista (hueón, yo estaba preocupada de ocupar el crédito del caballero, pero acá es tan barato hablar por teléfono, motivo para "otra entrada") Hablamos con una profe que nos ayudó mucho y que casi nos adoptó. Ella hizo todas las gestiones para que finalmente lográramos tomar el bus. Precisamente era frente a la famosa casa pero en la dirección norte. Nosotras subimos y cruzamos hacia la dirección opuesta.

Finalmente tomamos el bus: noche, frío y con mi colega lloramos (acá no lo mencioné, pero estuvimos bajo un nivel de estrés que no se lo recomiendo a nadie que visita un país y sale de su casa por primera vez). Tiempo estimado de viaje: 10 horas nos indican. ¿Qué?  ¿Por qué? ¡¡¡Si son sólo 400 km aproximadamente!!! Yo no entendía  nada y de noche todo era tan feo, el campo, las montañas, la oscuridad, el frío, entre nos hasta a las personas las encontré con cara de peligrosas, poco amistosas jajaja, pero es la impresión de todos los factores mencionados anteriormente... Qué mierda hacemos tan lejos de casa, eso pensé todo el camino, porque no podía dormir. El bus era un bus clásico SIN BAÑO para 10 horas de viaje. SIN BAÑO. Insisto. Entonces, no se reclinaba casi nada y fue difícil dormir para mi. Cuando ya aclaró logré percibir que las carreteras son como la Ruta 5 Sur en los años 90 : una pista dirección norte, una pista dirección sur. Es todo. Si hay camiones delante tuyo: cagaste. 

A eso le sumamos que el bus se detuvo en todos los benditos pueblos en dirección a Cluj, no los anoté todos, pero de seguro no hay una línea recta hacia el norte, sino una serpeteante que se hace espacio entre la geografía rumana: carpatos y toda macro o micro forma que se puedan imaginar. Similar a la vía férrea que hace que el mismo viaje de Bucarest a Cluj dure 12 horas (¡pánico otra vez!). 

He ahí el primer choque, los tiempos de viaje entre ciudades, la interconectividad del país. Acá se usa harto el tren, el bus, el auto, ponerse de acuerdo con gente, y el avión. Sí, en el último caso se da mucho eso de comprar pasajes "low cost", algo que está entrando de a poco al mercado de aerolíneas chileno (ojalá resulte bien, porque de verdad ahorra tiempo y esperemos que lucas). 

La verdad es que desde que llegué aquí hay muchas cosas que me han chocado de este país, sin embargo la idea de la Carmela en Europa es precisamente compartir estas experiencias que en muchos casos son entretenidas, en otros no tanto. En otro momento me encantaría detenerme a contarles un poco más acerca del transporte público rumano y su funcionamiento. Como lo mencioné en párrafos anteriores, espero que este fanatismo exacerbado por todo lo bueno de Chile se vaya pasando, según mis lecturas ñoñas forman parte de un proceso de adaptación a la nueva cultura y es inevitable caer en comparaciones. 

La revedere! (nuestra frase de despedida favorita con mi colega, fue la primera que aprendimos y aplicamos cuando nos sumergimos en cuanta tienda second hand encontramos en el centro)